II CONGRESO LATINOAMERICANO DE PARQUES NACIONALES Y OAP
Bariloche, Argentina, 30 setiembre – 6 octubre 2007

“El Estado, la sociedad civil y el sector privado no
pueden enfrentar aisladamente los desafíos actuales”

▪ El Simposio “Oportunidades y Amenazas de la Globalización e Integración Regional” se desarrollará el lunes 1 de octubre, de 14 a 18.30, en el Hotel Edelweiss, Bariloche.
▪ Lo integran dos talleres, coordinados por Silvia Sánchez Huamán y Claudio Baigún, y un plenario para la discusión de las recomendaciones.

Buenos Aires, 24 setiembre 2007.- Jorge Cappato, coordinador del simposio sobre globalización e integración regional y coordinador nacional del Comité Argentino de UICN, dialogó con Federico González Brizzio del equipo de prensa del comité. Estos son los conceptos salientes de la entrevista.

¿Cómo se ubica el simposio sobre globalización e integración regional, en la temática de gobernanza, equidad y calidad de vida del Congreso?

Hablar de globalización y de integración regional en América Latina tiene hoy una relación directa con los grandes temas de gobernabilidad y equidad, y con la calidad de vida de quienes habitamos en los países de América del Sur. Ni qué decir de su importancia para el futuro de las áreas protegidas y para ecosistemas vitales que nuestras sociedades necesitan sean íntegramente conservados.

Está cada vez más claro que el reclamo de más crecimiento impulsado en las reuniones de los gobiernos en Brasilia 2000, Cuzco 2004 y Cochabamba 2006, que ha desembocado en la creación de la Unión Sudamericana, es una plataforma para el desarrollo de planes, programas e iniciativas regionales y nacionales de infraestructura y producción a gran escala. La iniciativa de integración regional IIRSA y otros importantes emprendimientos de gran alcance han provocado –debido a sus impactos actuales y potenciales-, una honda preocupación en el subcontinente.

Las grandes infraestructuras han causado severos impactos sobre los ecosistemas naturales, sobre la base de recursos vitales para las poblaciones y para el propio desarrollo económico y social. Hay muchos ejemplos de que las grandes obras –como conexiones viales interoceánicas, represas e hidrovías–, más allá de sus beneficios tienen impactos negativos sumamente importantes, especialmente sobre las comunidades locales y sobre ecosistemas, por ejemplo bosques o humedales, que proveen recursos y cumplen funciones irremplazables como la provisión de agua dulce, pesca y otras fuentes de alimento y materias primas, regulación del clima, prevención de inundaciones y sequías, y conservación de suelos cultivables.

Precisamente en los debates del Congreso, se tratarán los casos de muchas áreas protegidas en el subcontinente que están siendo afectadas por obras de infraestructura y de otras que enfrentan las amenazas de nuevos mega-proyectos. Sabemos que en el futuro cercano, en forma directa o indirecta muchos Parques Nacionales y otras áreas protegidas van a ser impactados, o van a ser degradadas sus áreas de amortiguamiento, o van a ser amenazados ecosistemas críticos o hotspots que están llamados a convertirse en áreas protegidas ya que necesitan de una protección especial.

¿Qué tipo de exposiciones habrá en los talleres del Simposio? ¿Habrá un espacio para el debate?

El simposio está conformado por tres talleres. El taller “impactos de represas, otras obras de infraestructura e industrias extractivas sobre áreas protegidas y ecosistemas críticos” que coordina el Dr. Claudio Baigún, investigador del CONICET, Argentina y el taller “incidencia de los megaproyectos en las políticas energéticas en las áreas protegidas” que está coordinado por Silvia Sánchez Huamán de APECO, Perú y consejera regional de UICN.

Estos talleres reúnen exposiciones sobre casos de impactos de actividades mineras, de extracción de hidrocarburos, de carreteras interoceánicas en Perú y en Bolivia; sobre el tráfico de biodiversidad y explotación petrolera en la Amazonia; sobre industrias extractivas en la Patagonia y en el sur de los Andes, de Ecuador. Otra exposición tratará el tema de las represas en Brasil, fundamentalmente referida a las hidroeléctricas proyectadas en el río Xingú y Madeira.

También en este tema de grandes represas e hidrovías se hablará de los impactos sobre las pesquerías y los peces migratorios en los ríos sudamericanos. Hay otras interesantes ponencias sobre represas en la Patagonia. Los impactos de una gran carretera a través del Parque Nacional Madidi, en Bolivia, y del corredor vial bioceánico Santa Cruz-Puerto Suárez, son motivo de otras dos exposiciones y debate.

Finalmente en un tercer taller se recogerán las recomendaciones de los dos talleres previos y se discutirá un documento base. Con los productos del debate y los insumos y recomendaciones de los talleres, se va a preparar un documento final destinado a su posterior publicación y difusión.

¿Cómo ve la situación de las áreas protegidas ante los nuevos planes de desarrollo productivo y de infraestructura regional para la integración del transporte y la energía entre otros?

Sin duda que para las áreas protegidas, para el mundo de la conservación y para quienes trabajan para proteger la diversidad biológica y cultural en América del Sur, los nuevos planes de desarrollo productivo –agrícola o industrial– y las iniciativas de infraestructura regional a gran escala para la integración del transporte y para la producción de energía, representan una preocupación de primer nivel. La globalización y la integración están en el centro de muchos debates, entre otras cosas porque en los países de la región, como es de público conocimiento, se han generado en los últimos años una serie de conflictos por la creciente presión sobre ecosistemas que son fuente de recursos vitales, de trabajo en el marco de actividades económicas amigables con el ambiente, y de calidad de vida.

Más allá de estos conflictos puntuales, paradójicamente, se ponen en riesgo también las propias metas de integración regional expresadas por los gobiernos y el sector privado. Los niveles de pobreza, indigencia y desigualdad no descienden, sumado a la pérdida de calidad ambiental y de vida en muchas áreas urbanas y rurales –sobre todo en los asentamientos poblacionales de menores ingresos. Hay indicadores objetivos que llevan a una honda preocupación en cuanto a la sumatoria y sinergias de estos impactos negativos y al futuro de las áreas protegidas y de sus áreas de amortiguamiento, de los ecosistemas críticos, hotspots, y ecosistemas que prestan servicios esenciales para el desarrollo económico y social.

Precisamente el poblamiento y desarrollo de América Latina se hizo históricamente en la periferia. Ahora los planes de integración regional como IIRSA, el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), en Brasil, el reciente auge de los biocombustibles, el Gran Gasoducto del Sur y otras propuestas –algunas de las cuales parecen haber sido desestimadas como la idea de unir mediante una gran hidrovía la Cuenca Amazónica con la Cuenca del Plata–, atraviesan el corazón de ecosistemas no pocas veces los últimos prístinos del subcontinente. Esto explica porqué este debate está en el centro de la discusión sobre la conservación de la diversidad biológica y cultural, el destino de comunidades y estilos de vida ancestrales, y el futuro de las áreas protegidas –todo lo cual para América Latina representa un patrimonio único e irremplazable.

¿Esto se vincula con una mayor demanda del mercado global?

Nuestros países tienen una producción primaria y una producción en general, destinada mayormente a la exportación; esto está directamente vinculado a la creciente demanda del mercado mundial. El crecimiento de la economía global es tal que actualmente a nivel planetario se produce en quince días lo que hace un siglo demoraba un año. ¿Qué significa esto? Que hay una aceleración en la extracción de recursos, en la producción, en el transporte, en los intercambios comerciales y también, desde luego, en los costos ambientales y sociales que habitualmente se “externalizan”.

Vamos directamente a una mayor presión sobre los recursos, poniendo a la propia actividad económica sobre el límite de la insustentabilidad –caso típico de la sobrepesca. Los ecosistemas, que son los proveedores de agua, madera, suelos fértiles, pesca y recursos no renovables, no escapan a esta presión. Todos los recursos vitales están sumamente exigidos por la creciente demanda del mercado global. Nada indica que esta presión vaya a disminuir, ni que estemos exentos de pagar las consecuencias económicas y sociales del esquema de boom y colapso.

Las áreas protegidas no escapan a este nuevo escenario. Hay ejemplos muy fuertes en el Cono Sur, uno ligado a la expansión de la frontera agrícola para la producción de soja, destinada mayormente a la producción industrial y al consumo animal como forraje para producir jamón u otros alimentos en China y Europa. Esto en Argentina significa una aceleración de los desmontes a una tasa escalofriante, seis veces por encima de la tasa promedio mundial. La expansión de la frontera agrícola sojera ocurre en gran medida sobre ecosistemas altamente vulnerables o de los cuales quedan las últimas “muestras”, e incluso sobre áreas protegidas como ocurre en la selva de las Yungas en el noroeste argentino. Entretanto en la selva en Misiones, hay un avance de monocultivos forestales sobre importantes porciones de Mata Atlántica que tienen allí un hotspot, una de las últimas áreas significativas luego de la fragmentación ocurrida en Brasil.

Éste es el otro ejemplo que tenemos en el Cono Sur, clásicamente en el Uruguay ahora, donde hay una expansión de las plantaciones de monocultivos forestales de pinos y eucaliptos para abastecer a las mega-plantas pasteras que a su vez responden a las demandas crecientes del mercado global. El consumo mundial de papel a comienzos del siglo XXI estaba en 300 millones de toneladas anuales; en 2005 ascendió a 366 millones y se estima que en 2020 alcanzará los 566 millones. Del 9 por ciento de la producción global en 2005, se prevé que Latinoamérica expanda su producción al 25 por ciento para 2010. Se necesitan entonces dos nuevas mega-pasteras por año. Muchas de ellas se construirán en Sudamérica, una región elegida para la producción de pasta de celulosa y, por consiguiente, para la expansión de monocultivos forestales a expensas de la biodiversidad.

¿Cuáles son las perspectivas en cuanto a alternativas de solución? ¿Quiénes serían los actores y sectores involucrados?

Las perspectivas de hallar una salida tienen que ver por un lado con poder contar con un cuadro de situación a nivel de qué está pasando hoy con estas amenazas sobre la diversidad biológica y cultural en general, y específicamente sobre las áreas protegidas, y a partir de allí plantear alternativas concretas y realistas de sustentabilidad. Medidas innovadoras, ambiental y socialmente apropiadas, y económica y políticamente viables. Necesitamos ejemplos de un estilo de desarrollo integrado, armónico, basado en las comunidades y con equidad. En suma, cuidadoso tanto de los recursos ambientales que son la base de la economía motorizada por el sector privado como de la calidad de vida de la gente y de la gobernabilidad. En este camino hacia la sustentabilidad, la UICN, sus miembros y la amplia red de especialistas vinculados a la Unión Mundial pueden tener un rol catalizador. Un camino donde las áreas protegidas deben tener un papel irremplazable.

Justamente el ex director general de la UICN y actual titular del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Achim Steiner, acaba de asegurar que si los altos estándares de consumo y los ineficaces métodos de producción intensifican la presión sobre los recursos naturales “lejos de ser salvadora, la globalización podría transformarse en un fracaso espectacular”. La gran pregunta que plantea Steiner es “si contamos con los reglamentos, los instrumentos económicos innovadores, las normas y las alianzas que aseguren el logro de amplios beneficios al menor costo posible para el planeta y sus habitantes. Es decir: ¿contamos con la estructura de gobernanza ambiental internacional, trabajando a todo vapor, para encarar y reorientar el poderoso motor de la globalización?”

Respecto a quiénes serían los actores y sectores involucrados, la respuesta es muy simple: en la mesa de debate y negociación, y en la mesa de planificación del desarrollo y la integración, deben estar sentados todos los actores y sectores involucrados. Los gobiernos, el sector privado y desde luego las poblaciones y comunidades afectadas directa o indirectamente por los proyectos de gran escala para la pretendida integración regional. Ni el Estado, ni la sociedad civil, ni el sector privado pueden per se y aisladamente resolver los desafíos actuales. Lo reconozcan o no, se necesitan mutuamente ahora, y mucho más aún ante los enormes desafíos futuros de la globalización e integración.

 

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